¿QUE PASA CON EL CONSUMO DE VINO? por JOSÉ HIDALGO

19 febrero, 2013

PEPE HIDALGO BODEGA URBANA ENOLOGO

 

En un período de algo más de veinte años, hemos pasado en España de un consumo de vino situado alrededor de los 50 litros por habitante y año en la década de los ochenta, hasta la actualidad con un valor algo superior a los 15 litro por habitante y año; mientras que los países de nuestro entorno, también de amplia tradición vitivinícola, como Francia, Italia y Portugal, siguen manteniendo un consumo mucho más elevado del orden de los 50 litros por habitante y año.

Segmentado este consumo de vino en España, la parte de los vinos amparados por las denominaciones de origen se mantienen desde hace más de veinte años estables o con un ligero incremento de consumo, en un valor situado sobre los8 a10 litros por habitante y año. Esto quiere decir que el resto de vinos, es decir aquellos denominados como vinos de mesa o vulgarmente llamados comunes son los que han sufrido un espectacular retroceso en su consumo, desde unos 40 litros hasta unos estimados 5 litros por habitante y año.

Los motivos de esta penosa situación para el sector vitivinícola español son varias y algunas de ellas dignas de analizar para intentar y poder remediarlo. La primera es que el vino ha dejado de formar parte de la dieta habitual de los españoles, en ocasiones por las campañas antialcohólicas, que han frenado drásticamente el consumo de vino en los bares y restaurantes, pero en otras porque no hemos podido o sabido “enganchar” a los consumidores, sobre todo a aquellos jóvenes que por ley de vida son el relevo generacional. Pienso que todos los que estamos implicados en este sector, sobre todo bodegueros y comunicadores especializados, hemos seguido una política totalmente equivocada, pues hemos situado al vino en un pedestal, que hace que sea algo inalcanzable para gran parte de los mortales, y donde solamente unos pocos “entendidos” son capaces de comprender y valorar lo que un vino significa.

Grave, gravísimo error el que hemos cometido, deberíamos de haber sido más humildes y tocar más el suelo, intentando trasmitir a los nuevos consumidores, otros conceptos mucho más sencillos y fáciles de entender, como por ejemplo, descubrir nuevas sensaciones en las variedades de uva sin más complicaciones, asociar los vinos con sus variedades con sus lugares de origen, en definitiva con su cultura y enseñar a  buscar un buen momento para disfrutar del vino con otras medidas más imaginativas. Creo que deberíamos de asomarnos a algunos países, que llamamos casi despectivamente como “emergentes” desde el punto de vista vitivinícola, como por ejemplo los Estados Unidos, Australia, e incluso China, que cada año incrementan su consumo, para analizar las razones de este aumento.

Cierto es que nuestro país tiene otras peculiaridades que no ayudan a elevar el consumo de vino, como la numerosa población emigrante con una casi nula cultura o tradición hacia esta bebida, o también el retraso en la incorporación de la mujer al mundo del vino.

Pero estas no son razones para explicar este desastre, que a duras penas solventamos con la exportación de vinos, sobre todo en los últimos años con ingentes cantidades de vino a granel hacia otros países consumidores y también “emergentes”. El sector vitivinícola español está en peligro, por primera vez en la historia, hemos bajado del millón de hectáreas de viñedo, con lo que supone una importante pérdida de riqueza y patrimonio cultural que no podemos tolerar y que solo nosotros debemos de solventar.

 

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